domingo, 10 de octubre de 2010

El gran Ayllón

Ya está: como la escena con la que arranca la segunda parte de 2001, Una Odisea del Espacio de Kubrick. Me he tomado mi tiempo para pensar cómo explicar a quien no le haya leído la prodigiosa escritura del filósofo, docente, escritor y también amigo José Ramón Ayllón. Eso es; justo cuando, tras la mayor elipsis de la historia del cine, ese hueso-útil-arma que asciende a los cielos para convertirse en sofisticada estación espacial abre paso a una cósmica danza de planetas, satélites y naves mecida por el vals del Danubio azul. La música de las esferas; "el cosmos que canta", que diría el clásico; una harmonia que sosiega y reconforta. Todo aquel que alguna vez se plantó delante de un folio en blanco sabrá apreciar en su justa medida el prodigio, aún más cuando de lo que se trata es de hacer filosofía. Algo que consigue precisamente con la elegancia que él encuentra en los franceses -esa que su proverbial humildad nunca le dejará atribuirse.

La obra de José Ramón es importante en la medida en que confirma que la filosofía es algo que se hace, no meramente algo que se estudia. Esto es: él pertenece a la estirpe de los divulgadores, la que a un servidor le interesa cuando elige pasar un rato leyendo o escuchando. La sophia que a mí me excita es la que apunta a la sabiduría, la que se atreve con la felicidad, la muerte, la conducta ética o el amor. Por eso me lo he leído casi enterito, y por eso no puedo dejar de recomendarlo a quienes les vayan las mismas cosas. Dicho sea con todo el sarcasmo del mundo y me explico. Hace algún tiempo un buen amigo mío confesaba no haber leído jamás un libro de filosofía al tiempo que se (me) preguntaba por qué debía animarse a hacerlo. Yo le respondí que si era feliz, estaba seguro de actuar correctamente en todo los casos, tenía perfectamente claro el papel de los demás (pareja, amigos, hijos, los otros) en su vida, estaba preparado para encarar la adversidad y además conocía las claves que le permitirían seguir en parecida situación en el futuro, pues no, en efecto, no necesitaba para nada a la filosofía.
Pero por encima de todo -que me corrija si me equivoco-, José Ramón es un gladiador de la educación. Y lo digo "bélicamente" sin percepción alguna de estar exagerando. Ahí fuera, en las aulas de los colegios e institutos de este país -puede que algo más que en otros-, se está librando una cruenta batalla. Es la guerra de la sociedad del mañana; allá se están fraguando las futuras empresas y las futuras huelgas generales, la futura democracia o las futuras tiranías, la futura felicidad, la posibilidad del misma del estado de bienestar o de alguna variante aún más benigna. Los números dicen que estamos perdiendo, pero gente como José Ramón sigue peleando, y creo que le admiro más por eso que por sus libros. Y por cierto que espero, más pronto que tarde, poder combatir a su lado.

Conocí a José Ramón a través de una profunda desavenencia a propósito de un artículo suyo en Alfa y Omega sobre la teoría de la evolución. Él fue lo suficientemente amable -y gallardo- como para contestar, para dialogar conmigo, para poner a combatir sus argumentos contra los míos. Y de hecho, en estos tres años que pasaron desde entonces, a menudo discrepamos sobre esto y aquello, de forma que a primera vista pudiera parecer que nuestros principios difieren en casi todo. Nada más lejos de la realidad: es sólo que en filosofía sólo se incide en aquello sobre lo que se discrepa. Está explícitamente prohibido hacerse palmas al compás, pues tal cosa no enriquece, no amplía el horizonte. Me juego mi inexistente plan de pensiones a que nuestras respectivas maneras de deambular por el mundo se parecen muchísimo aunque se asienten en creencias tan diametralmente distantes. Yo se lo resumo con palabras de Marina: tenemos los mismos enemigos (la miseria, la vulgaridad, el egoísmo, ...), Joserra, pero amigos diferentes. Y además tampoco tan diferentes.

Ya que estamos con Marina, me voy a permitir otro símil, éste pelín más subversivo, que espero a él no le chirríe, para que entiendan lo que yo creo que significa "el toque Ayllón" en el panorama de la divulgación filosófica patria. Por un lado tenemos a los tres tenores -los que acaparan portadas y grandes tiradas. Fernando Savater, José Antonio Marina y Javier Sádaba, que vienen a ser, respectivamente, Pavarotti, Domingo y Carreras. Los tres son grandes y a los tres recomiendo también leer, y a todos ellos debo mucho de mi propia visión del mundo. Pero luego, cosa aparte, está (ay, estaba) Alfredo Krauss. Clase y sensibilidad - singularidad y canto vivo, muy vivo. Pues José Ramón Ayllón viene a ser el Alfredo Kraus de la philosophía.

¿Con qué pueden atreverse los que se animen a leerle? Con cualquier cosa. Tiene una veintena de libros publicados, y cada página suya merece ser leída tanto por continente como por contenido. Para empezar, su obra es un canto a la anti-trivialidad. Cada párrafo te hace pensar, replantear lo que conoces y crees. Para seguir, ha compuesto una especie de pórtico, de marco genérico para todo aquel que al que inquiete el arte de vivir.
Para el neófito, sus libros de texto sobre historia de la filosofía o ética para la ciudadanía (la de espadas que habremos cruzado con eso...) son un reconfortante aperitivo. Para todos, su excepcional Desfile de modelos, o la Ética razonada o su antropológico En torno al hombre. Mi favorito es sin duda Tal vez soñar, porque con él logra el maridaje de la mejor filosofía con la literatura más excelsa. El milagro de hacer alta cocina apta para toda clase de paladares. Al que quiera un viaje introductorio, apretado, le invito a leer ¿Es la filosofía un cuento chino?, tan fresca y tan clarividente a la vez. Y para el que quiera pillar a José Ramón en su vis lírica, en uno de sus arranques de sensible creatividad, vale cualquiera de sus intimistas novelas -por ejemplo Otoño azul.

Hace unas semanas tuvimos la ocasión de conocernos in person en una visita que pagó a nuestra ciudad. Fue una constatación, tras muchas cartas cruzadas, de que la erudición no tiene por qué estar reñida con la afectuosidad, la cercanía y el sentido del humor (¿ no es más bien al contrario?). Compartimos un refresco, tocamos fugazmente -¡él me debe más tiempo para la próxima vez y lo sabe!- los temas que nos avientan, y creo que nos pusimos de acuerdo en que en esta sociedad especialmente huérfana de filosofía habría que hacer que ésta cantara, bailara, y lo que haga falta para que puede llegar al más amplio público posible. Una filosofía que ría -que se ría de sí misma, de paso-, que demuestre todo lo excitante que puede ser, que vuelva por sus fueros, que se centre en el hombre.
Se cumplió, en suma, lo que adelantó Goethe -que no conoces a un amigo hasta que te escribes con él. Puesto que nosotros habíamos adelantado ese camino previo, fue como si nos conociéramos de toda la vida. Tan sólo añadí el hecho de corporeizar toda la calidez y profunda humanidad que este burgalés austero, sereno y genuino ya había dejado traslucir en su paciente correspondencia.

Y, que quieren que les diga. Que Pavarotti te pone los pelos como escarpias con cualquiera de sus Nessun Dorma; que Domingo llega a una nota imposible con la Celeste Aida que canta bajo la batuta de Giulini; y que la voz argéntea y quebradiza de Carreras se le clava a uno en el esternón cuando, flaqueando, aquel le dice a su compadre Marcello aquello de Mimì é tanto mallata....
Pero que uno no puede menos que rendirse a la Furtiva lacrima que el maestro Krauss derramaba de cuando en cuando. Más aún en tanto que Krauss era, por encima de cantante, maestro de cantantes, y que nos dejó como herencia a un buen puñado de buenos artistas como muestra de su generosidad.

Así es que, maestro, Joserra, que sigas cantando en las librerías, en la universidad, en el instituto, o dende sea. Por aquí te seguiremos escuchando, al tiempo que te arranco, entre polémica y polémica, alguna que otra lección.

sábado, 2 de octubre de 2010

Olor a dignidad


Jornada importante, de las que no se olvidan, la que montó la honorable Fundación Adecco mano con mano con Brenntag el pasado martes. Fue mucho más que un rato agradable entre amigos y gente buena (en el buen sentido de la palabra, que diría Machado). Con el deporte adaptado como excusa, se tendieron puentes, se estrecharon lazos, se educó a los más pequeños y a sus mayores.
El deporte es competir y compartir -dos capacidades básicas en la vida. Por eso su presencia tendría que ser aumentada en los colegios, y por eso no debería abandonarnos en nuestra vida laboral. Siempre se compite contra uno mismo: el rival nos ofrece la preciosa oportunidad de mejorarnos. Y el juego tiene sentido sólo en la medida en que se comparte con los demás. Si no sabes competir y compartir es muy posible que te vaya mal en la vida -y es seguro que te irás de este mundo como un perfecto idiota. Lo que ocurre es que esta clase de lecciones mal se aprenden en los libros, y con suma facilidad, para el que lo estima oportuno, en la convivencia.

No voy a ser tan presuntuoso como para pretender que sé cómo se sienten mis hermanos de Mater et Magistra, o cuánto sufre un invidente en su devenir diario, por el hecho de haber pasado siete horas con aquellos o haberme puesto unas gafas oscuras y empuñado un bastón. Ni antes ni después - no puedo saber cómo es ser discapacitado. Toda la empatía de la que soy capaz sólo me da para atisbarlo. Pero sí que barrunto lo que no les hace maldita la gracia; les propongo un personal ejemplo deportivo, ya que estamos.

Nosecuantos de marzo de 1987. Liga interna del Insituto Herrera, disciplina: baloncesto. Somos un grupo variopinto de 8 pollos de muy distinto plumaje - voluntariosos, desparejados, bastante poco hábiles, pero orgullosos de conformar un equipo. Enfrente, 8 mostrencos de atléticas maneras, un grupo de alumnos que entrena día sí día también en uno de esos clubes privados sevillanos de postín. Una máquina baloncestística bien engrasada, para que nos entendamos. Ellos deciden hacer, el partido completo, presión en toda la cancha; nosotros perdemos unos cuarenta balones; ellos nos regalan una galería completa de triples, pases por la espalda y mates; nosotros perdemos por 212 a 44 (no, no es un error tipográfico). Pero lo que viene al caso ocurre a mediados de la primera parte: he metido un par de triples (in-your-face), estoy calentito, y entonces se me ocurre que, qué diablos, ahora voy a presionar yo. Así es que me planto delante del musculitos de turno para impedirle que saque de fondo, y a él, tan perispuesto y entrenado, resulta que la cosa le hace mucha gracia. Así es que finge que se equivoca y prácticamente me entrega el balón en las manos, sonriendo. Yo tomo la bola, muy serio, le miro un segundo a los ojos, y se la tiro con rabia al pecho, al tiempo que le advierto: saca lo mejor que sepas, y no me toques las narices.

Aquel día estuve a un pelo de que me las reventaran (las narices, digo), pero me hubiera dado igual. Salvo en el caso de que seas un malnacido, no hay sitio para la lástima en una cancha de baloncesto. Tampoco debería haberla en el ámbito de las empresas o de las instituciones públicas. Y aunque no sea muy elegante presionar a toda cancha a una panda de pardillos cuanto tú vas para émulo de Michael Jordan, hasta eso es mejor que escenificar la bajeza de sentir pena por quien, lo creas o no, marcará sus canastas durante el partido. Perderá, sí; no tendrá, quizás, tu BMW de 80.000 euros, ni tu engolada tarjeta de empresa, ni tus preciosos hijos de diseño, ni tus vacaciones en yate, pero perderá como un ser humano, peleando.

Séneca, tan brillante, tan suyo, y según algunos, tan deshonesto, le puso no obstante las palabras más hermosas a esto que cuento, y de hecho me acordé de ellas en algún que otro lance de la jornada:

"Aunque otros ocupen los primeros puestos y a ti la suerte te haya colocado en la reserva, milita desde allí con tu voz, tus arengas, tu ejemplo, tu espíritu: incluso, cuando le han cortado las manos, encuentra en la batalla qué aportar a su partido el que, a pesar de todo, se mantiene en pie y ayuda con gritos"

En tiempos de gran desorientación laboral -y de muchas otras clases- como las que vivimos, acaso no sea mala idea escuchar lo que gente como Paco -gran pelotero- o Jose -generoso compañero- de la asociación Mater et Magistra nos está gritando: que aunque, como dijera el filósofo cordobés, la fortuna les haya cortado las manos, ellos no van a dejar de luchar, de hacer sociedad, y de pedir que les pasen la bola de vez en cuando para aportar lo mucho que llevan dentro. Aún se pueden hacer muchas cosas sin manos, siempre que haya voluntad al otro lado de esta ignominiosa -y casi siempre invisible- pared que hemos levantado entre "capacitados" y "discapacitados".

Cuando llegué a casa, tras la jornada, noté una sensación extraña adherida al cuerpo. Un perfume embriagador que me hacía sentir bien, lleno. Era el perfume de la dignidad que trajeron las personas de Mater et Magistra, los monitores, mi amigo Jose de Adecco. Una fragancia que mis hijos, como los de los demás, no percibieron, porque andan impregnados en ella desde que nacieron. Somos los adultos los que a menudo extraviamos el aroma conforme envejecemos, y por eso se agradece tanto que nos lo recuerden, siquiera de cuando en cuando.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Por qué NO voy a hacer huelga el próximo miércoles

La estupenda entrada de mi amiga Lu, al respecto de la huelga del 29, me ha convencido para participar en el debate. Yo no ejerceré mi derecho a la huelga, y la razón es que, puesto que no creo que se esté cometiendo injusticia alguna con las medidas aprobadas por el gobierno, no veo el motivo de echarme a la calle.
¿Hay recorte de derechos? Seguro. Aunque a estas alturas de la película me cuesta más, como a todos, distinguir derechos de privilegios, y aún más de intereses. Es por ello que me apetece explicarme, porque "la gran putada" (Toxo dixit) que aparentemente nos han hecho parece reclamar una respuesta contundente de los trabajadores, unidos y jamás vencidos, etc.
A continuación relato, para el que le interese, porque me parece que lo que se nos viene encima nos lo hemos ganado a pulso, razón por la cual no piensa mover un dedo para evitarlo en aproximadamente cuatro días.

A) Desde hace tres años a esta parte multitud de autónomos han perdido su trabajo, y casi todos los días una PYME ha cerrado sus puertas. En ese mismo periodo, ningún sindicato ha movido un dedo contra el gobierno - más bien todo lo contrario. En cuanto al resto, le ha importado más bien un huevo de pato. ¿Saben cuantos días por año trabajado cobra un autónomo que se va a la calle? Efectivamente: cero. Pero claro: un autónomo es un autoempleado, ergo un explotador en potencia (podría contratar a alguien). ¡Y qué decir del millón -ya, ay, menos- de PYMES de este país! Son explotadores no en potencia, sino en acto. Mientras todos ellos caminaban hacia las cámaras de gas del desempleo, los trabajadores del pueblo, todos nosotros, hemos tenido a bien mirar hacia otro lado. Lo cual me recuerda las tan salmodiadas desde la izquierda palabras de Bertolt Brecht: "Primero fueron a por los gitanos, pero yo no hice nada, porque no era uno de ellos. Luego...". Luego es ahora, claro.

B) Un país en el que el empresario parte de una presunción de delincuencia es un país condenado al abismo. Con las adecuadas dosis de ignorancia, adocenamiento y cobardía, se convierte en..., bueno en España. Sí señores: este es el país donde se retransmitieron partidos de fútbol en abierto porque un gobierno declaró que visionar balompié era un asunto de interés general - lo más parecido a un derecho inalienable. Este es el país en el que la princesa del pueblo se llama Belén Esteban. Este es el país con las tasas de fracaso escolar más paupérrimas del viejo continente. Este es un país donde hemos criticado tanto a nuestros patronos, donde hemos injuriado tanto a nuestro trabajo que ahora observamos patidifusos el poco interés que la chavalería tiene por ponerse a currar. Este es el país donde 10 de cada 10 escolares sabe quien es Cristiano Ronaldo - donde ninguno conoce quién puñetas en Amancio Ortega. Al fin y al cabo, Amancio Ortega es un explotador (si es millonario, ha de serlo por partida triple). Este esl país, en fin, donde 2 de cada 3 universitarios (la supuesta élite intelectual, la sal de nuestra tierra) quiere ser funcionario. Cómo será la cosa que una palabra crucial en la economía moderna, que en inglés se dice entrepreneurship, ni siquiera tiene traducción al castellano.

C) Porque nosotros, naturalmente, no vivimos para trabajar, sino que trabajamos para vivir. Dios santo, cómo detesto esa frase. Si hubiera cobrado un euro por cada vez que la he oído, ahora ya no tendría que trabajar - no tendría que soportar esa condena. Porque yo soy español, sé vivir, no soy como esos sucios chinos que descansan en su tienda sobre un catre, comen trabajando y no paran ni para mear. Que oye, tienen unos productos cojonudos que compro siempre que puedo, pues no veas que baratos son. Jodidos chinos: alguien tendrá que convencerles de que lo dejen, alguien tendrá que infectarlos con nuestro consumismo, nuestros derechos fundamentales al Canal+ y todo lo demás para que nos den un respiro.

D) Dejen que les diga algo de los chinos: nos van a barrer. Y no porque conculquen las normas laborales de la OCDE -que no digo que no lo hagan, sino que seguro que dejarán de hacerlo. No: nos van a barrer porque los chinos no se hacen pajas mentales sobre vivir trabajar o trabajar para vivir ("chel o no chel echa es la cuestión"). Ellos profesan filosofías de vida como el taoísmo o el confucianismo, que les dicen que la cosa no es lo uno ni lo otro, sino trabajar viviendo (o vivir trabajando, que es lo mismo). Y nosotros simplemente no nos hemos enterado de que mientras sigamos con un discurso de ellos (los empresarios) y nosotros (los trabajadores) no vamos a ninguna parte. Si encima "trabajadores" significa empleados por cuenta ajena dependientes de una entidad que no sea el Estado (puesto que nos ha importado una mierda cuanto aconteciera a pequeños empresarios, autónomos y funcionarios), pues no sólo andaremos descaminados, sino que también haremos el ridículo.

E) Un inciso, por si alguno se despista, sobre mi punto de vista (odio el término "ideología") político y ético: creo que a don Carlos Marx y los que le siguieron y antecedieron deberíamos hacerles una estatua en la plaza mayor de cada pueblo. Ellos lucharon en un mundo en el que los niños trabajaban 14 horas en las fábricas, donde algunos morían con tornillos en las manos, donde la seguridad social era una quimera. les debemos buena parte del mundo del que disfrutamos. Y no estoy dispuesto a renunciar a ningún derecho fundamental por el que ellos se hayan partido la cara. Pero el número de días de despido no es un derecho fundamental. De hecho, España triplica el de algunas de los países socialmente más avanzados de occidente. Concluyendo: admiro lo que el marxismo y la lucha social ha conseguido en el mundo civilizado... al tiempo que recuerdo que ya no estamos en ese mundo.

F) Se me ocurre que hay que recordar que la productividad española está entre las más bajas de la UE. Se me ocurre también, que eso se debe fundamentalmente a todo lo dicho antes - a nuestra manera de considerar al empresario, a nuestra desidia, a nuestro abotargamiento mental y moral. Porque, al fin y al cabo, aquí tenemos los mismos ordenadores y máquinas que en Alemania. Si además nuestras diminutas empresas (son esas las que sufren, no las grandes multinacionales que los sindicatos nos hacen visualizar, torticeramente) caen como moscas... ¿acaso no será una buena idea reducir sus costes? No una idea que nos guste a los empleados, claro que no. Pero quizás una idea necesaria. De hecho, barrunto que si un gobierno tan populista como el actual ha sido capaz de tirarse a esta piscina, muy mal lo ha tenido que ver. Y bien mal que está. Y aquí, viene bien recordarlo, ha participado de la infausta orgía de la construcción (de las entradas a las promociones y la venta antes de escriturar, del dinero negro, etc.) todo hijo de vecino -proletarios, sindicalistas (esos sucios cursos...), todos. Nos hemos dado la vida padre y nos hemos autoconvencido de que la vida era esto, no hacer cosas, emprender cosas de veras.

G) A eso que se llama el Sistema Económico Mundial le traen absolutamente sin cuidado nuestras quejas. Así es que se trata de renovarse o morir. Y sólo se me ocurre una solución: dejar de afrontar el problema económico que arrastramos como un ellos contra nosotros. Retomar el respeto por el trabajo, y la ilusión por hacer cosas. Rehabilitar la figura del empresario, sin dejar de controlar sus desmanes (como los de los empleados desleales y parasitarios). Y lo más difícil y perentorio: cambiar esta maliciosa cultura del subsidio y la sospecha del dinero desde las escuelas. De paso, toca obligar legislativamenet a los bancos a que arriesguen su dinero prestando en proyectos. Nótese que no he dicho "incentivar fiscalmente", sino "penalizar duramente" a los que se guarden sus dineros para los avalados y lso presidentes de megaclubes. Díganme si eso no es de izquierda que te pasas. Por las buenas o por las malas, tenemos que hacer de esste país una tierra de valientes, como lo fue en su día. Si no es de la mano de la innovación, si no apostamos por hacer cosas distintas y comercializarlas con desparpajo, no tenemos posibilidad alguna frenta a más de dos mil millones de chinos-indios-brasileños. En otros países hace tiempo que se dieron cuenta.

Termino el ladrillo. Hace unos años se recosntruyó una trirreme griega - uno de esos barquitos con la que los atenienses y los corintios, principalmente, les dieron para el pelo a los persas en Salamina, por ejemplo. Cuando se subieron 200 pollos a la nave e intentaron ponerse de acuerdo para navegar, les resultó imposible. Ni con megáfonos pudieron -los gritos no servían. Entonces, lo descubrieron. Aquellos griegos de hace dos mil quinientos años se ponían de acuerdo par surcar la mar canturreando ciertas tonadas. Canturreando.

Mientras que se siga tratando de pegar berridos, que no cuenten conmigo. Ni el 29 ni otro día. Yo me quedaré trabajando. Cuando nos decidamos a cantar, yo seré uno de los que más fuerte entonen la tonada.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Están locos, estos romanos



- Buenos días.
- Buenos días.
- Estoy buscando algo. Un nuevo producto, algo distinto. No sé si lo tiene usted en su tienda.
- Descríbamelo y veremos qué se puede hacer.
- Bueno, básicamente, busco una especie de masa compacta de algunas hojas secas, alguna droga y papel.
- ¿Disculpe?
- ¡Ah! También deberá tener productos químicos. Un montón. Tres, cuatro mil, más o menos.
- Debe estar bromeando.
- ¡Sí, sí! Amoniaco, metano, butano, cianuro y cosas así.
- ¿Cianuro? ¿Se ha vuelto loco?
- No estoy loco en absoluto. Se me ocurre que podría ser una mezcla atractiva. Al quemarlo, producirá unas volutas de humo sumamente excitantes.
- ¿Y que hará con él? ¿Portarlo como una antorcha?
- En absoluto. Lo chuparé por uno de los extremos.
- ¿Por qué haría nadie tal cosa?
- No lo sé, se me ocurrió que quedaría muy sexy entre mis dedos, entre mis labios. Situaciones así, complejas. Sexy.
- ¿Huele bien?
- Probablemente apeste.
- ¿Es limpio?
- Probablemente ensucie.
- ¿Les gustará acaso a los demás?
- Probablemente les moleste.
- Es inaudito. Pero, ya que estamos: ¿en qué droga había pensado?
- ¿Qué tal la nicotina?
- Bueno, es un estimulante, ciertamente. Pero el hecho de que se emplee como veneno y como insecticida me causa cierta inquietud por usted…
- No se preocupe, sé lo que me hago. La nicotina libera dopamina, activa el sistema nervioso simpático, excita el centro cerebral del placer y…
- … y dejará de hacerlo en el momento en que usted se habitúe a su dosis.
- Aumentaré la dosis.
- ¿Hasta dónde?
- Hasta donde pueda, por supuesto.
- Menuda estupidez: hay millones de cosas capaces de hacer liberar naturalmente la dopamina en el cerebro. El chocolate, sin ir más lejos, que está mucho más bueno.
- Sí, pero el chocolate engorda.
- No necesariamente -el cacao, que es el que contiene el principio activo, apenas...
- ¡Ya, pero yo lograré adelgazar con este producto que le digo!
- ¿Cómo?
- Bueno, es posible que la sopa química que inhale y chupe me quite el hambre, ¿no cree?
- Pudiera ser.
- Y luego está el hecho de que apesta y atora mi sentido del gusto y el olfato. Es posible que pierda el interés por la comida ¿no le parece?
- Ya. Pero quien querría renunciar a...
- Usted déjeme a mí, que yo me entiendo.
- Bueno, pues he de decirle que no creo que a nadie le interese tomar algo así. No, desde luego, ese producto no lo tenemos.
- ¡Pero si aún no he terminado mi descripción!
- ¿Aún hay más?
- Mucho más. Quisiera que le hiciera una serie de cosas a mi cuerpo.
- Usted empieza a preocuparme. ¿Cosas? ¿Qué cosas?
- No sé: que disminuyera mi capacidad respiratoria; que dañase los vasos sanguíneos; que me causara úlceras; eventualmente, que me causara infertilidad o impotencia. Cosas así.
- Usted ha perdido completamente la cabeza. Oiga…
- ¡Ah sí, lo olvidaba! ¿Podría producirme además cáncer? Es un capricho de última hora.
- ¡Deténgase señor! ¡Hasta aquí hemos llegado! Viene usted a mi tienda y me pide que le busque, que le fabrique, que le venda una amalgama maloliente y sucia de productos químicos y droga absolutamente prescindibles, que además perjudiquen seriamente la salud y eventualmente le maten. ¿No ha pensado que me podrían meter en cárcel por hacer algo así? El Estado condena a quien vende una fruta en mal estado, que apenas causa una diarrea. ¿Cree que no me van a empapelar por este intento de asesinato ejecutado a la luz del día?
- ¡Qué va, será absolutamente legal!
- ¡Pero aún así, reflexione, alma de cántaro! ¿Por qué iba yo a darle a usted algo así? ¿Qué salgo ganando, aparte de cargo de conciencia?
- ¡Le pagaré!
- No. Nadie haría algo así. Nadie…
- ¡Le aseguro que le pagaré, mucho dinero!
- Sólo por calibrar su grado de locura ¿de cuánto estamos hablando!
- NVerdaderamente, usted no deja de sorprenderme. Le contamino, lo ensucio, lo convierto en pestilente, lo enveneno, y eventualmente lo mato, ¿y usted me paga a cambio entre 50.000 y 100.000 € durante su vida, lo que mucha gente no gasta en irse de vacaciones durante toda su existencia?
- ¡Así es!
- Y, de una vez por todas, ¿por qué habría usted de hacer algo así?
- ¡PORQUE ES ADICTIVO! ¿Olvidé comentarle ese detalle, que también deseo que sea adictivo?

Realmente:
http://www.youtube.com/watch?v=yTvfVCgBPUs

PD Con mucho cariño para mi padre y para mi amigo Felipe, que lo están dejando, y para mis hermanos, que espero que un día lo hagan. Y para el reto de mis amigos que aún se engañan, para que se decidan.

sábado, 24 de julio de 2010

Hasta la vuelta


Bueno, pues toca un hasta luego. Toca una de convencional veraneo, una nueva batalla contra el sol y la pertinaz arena, recibiendo el embate de las olas de la mano de mis criaturas, leyendo como un poseso, remoloneando con mi santa e ignorando el móvil, el portatil y demás condenas. Algo del todo convencional y maravilloso.
Nos veremos para septiempre, pero déjenme que aproveche para decirle, a quien se asome por aquí, que hasta ahora me ha encontado esto de escribir compartiendo. Tras décadas de escritura onanista, y a mi que cada vez me va menos hacer nada en solitario (dije nada), hay que decir que la experiencia me ha encantado, y que, por consiguiente (como diría el otro), volveré a darles la murga a la altura de septiembre.

Me voy a despedir con un chiste epistemológico. Así, con un par. Es apenas un retazo, pero resulat del todo revelador en cuanto hace a la teoría del conocimiento:

Tres mujeres se preparan en los vestuarios de un club de postín para jugar su partido de pádel semanal. En estas aparece un hombre completmente desnudo, con una toalla envuelta a la cabeza que le oculta el rostro.
La primera entorna los ojos para escrutarle el pene y dice: "No es mi marido"
La segunda comenta: "No, desde luego que no lo es"
La tercera apostilla: "Ni siquiera es miembro de este club"

Ciao!

domingo, 18 de julio de 2010

Espíritu Plantinar

Hace un par de años, me lo propuso un buen amigo, Andrés. Hablámamos de baloncesto, del gusto por este deporte y en general por ejercitar el cuerpo, por mantenerse activo, entre tantas horas ensillonados, o frente a un ordenador, o vagando por los aeropuertos. Y en uno de estos que en el que coincidimos, tras hablarlo, me decidí a probar.
Lo que yo no esperaba era todo lo demás- yo al menos tenía todo eso en mí dormido, atrofiado. Lo que acompaña a participar en un equipo con personas buenas, sanas, caballerosas (¿aún se dice así?), y rebosantes de vida. Con la competitividad, en el mejor sentido, por bandera: con el espíritu de superarse a sí mismos (sólo se compite contra uno mismo), con la imprescindible rebeldía que le dice al propio cuerpo, compadre, aún no te toca pararte y esponjar y tal. Aún te queda trecho que correr, cabronazo, antes d emeterte en la caja. O qué te creías.

Pero lo que estos señores hacían cada martes y ahora me dejan hacer con ellos va mucho más allá de lanzar una pelota contra un aro metálico, pegarse unas carreritas y sudar un rato. Va mucho más allá de fustigar uun tanto el cuerpo para qyue no se acomode y se pudra, que también. Tal y como nosotros lo vemos, el deporte es una actitud, y el baloncesto una clase de actitud aún más especial que entraña toda una serie de beneficios adicionales cuando se lo practica en equipo, o sea, como Dios manda. En plan ba-lon-ces-to, que diría Pepu. Lo que nosotros hacemos es compartir; poner a prueba la maquinaria para ver de lo que es capaz; ejercitar la generosidad, (para que tampoco se enmohezca); hacer gala de eso que se llama compañerismo (y que va mucho más allá de cubrir la espaldas a los compañeros de trabajo); intentar cosas aunque no siempre nos salgan; buscar, en definitiva, la excelencia -que no es otra cosa que intentar hacerlo mejor cada vez.
Poco importa que un día no tu entre una puñetera canasta, y menos aún que al día siguiente las metas todas. Intentar ser el MVP es una horterada -que tus compañeros te asignen el trofeo porque te has dejado la piel y has dado siempre la cara, un honor. Saber dar un cambio, producir una asistencia mejor que un canastón y animar al que tiene un mal día es la marca del buen baloncestista. Eso es lo que enseña y recuerda el Espíritu Plantinar -y por eso es una escuela de liderazgo.
También es cuestión de perspectiva -de ver toda la cancha, de saber reírse y sufrir (sobre todo cuando el calor aprieta); de apretar los dientes para recuperar en defensa y así paliar un error propio o ajeno. De saltar todo lo que puedas aunque el contrincante sea más alto, más joven, más fuerte (y qué coño, más guapo). Igualmente se trata de respetar al adversario precisamente dando todo lo que uno tiene dentro, sin dejarte nada. Hay que ganar de cuarenta si se puede porque eso es respetar al adversario; bajar los brazos, dejarle, es como escupirle a la cara. Y si hay que romperse el tobillo (caso de Andrés o el Gran Chaza), la rodilla (enorme JR), las costillas (el querido Jose) o lo que sea, claro, uno se lo rompe, para que después se cure y te puedas tentar la ropa e intentarlo de nuevo. En eso consiste sentirse vivo, activo, dispuesto a luchar. De hacer cosas con otras personas que merecen, y mucho, la pena.

Todas estas cosas constituyen un nutriente de primera para el resto de aspectos de mi vida, como ya les dije en una ocasión a ellos. Estoy mejor en mi casa, mejor con mis hijos, mejor en el trabajo, aprecio más la amistad, la familia, y en fin vivir. No exagero; me alimenta.
No sé me ocurre qué cosa podría yo hacer cada martes a las 9 mejor que esto. No es por el sudor, por lo divertido que es el juego (vaya si lo es), por lucir una curva menos pronunciada en la playa, ni por producir adrenalina. Todo eso está muy bien, pero es el Espíritu Plantinar que describo, el que han parido Miguelón, Miguel Ángel, Isidoro, Mariano, Antonio, Luismi, Carmelo, Raúl, el Chico-Jordan, David Naranjo, el señor Arrébola, el señor Ternero y en fin y sin pretender mencionarlos a todos, lo que esta panda estupenda de hombres hechos y derechos han creado, lo que me hace acudir cada noche de martes al mismo lugar.

¿Cómo me siento al respecto? Trataré de describirlo haciendo un ejercicio de nostalgia. Recuerdo cuando, con 14 tacos, me paseaba tras jugar con mis amigos con mi balón debajo del brazo y mi metro sententa raspado (igual seguimos) por las canchas del barrio para ver si podía seguir jugando con los mayores. De vez en cuando, pasaba: me señalaban amistosamente con el dedo desde la cancha, y me decían, venga chaval, juega con nosotros.

Una maravillosa sensación que ahora repito una vez por semana gracias a que estos truhanes, por la que les doy las gracias.
Me dejan jugar con ellos, y eso es muy grande.

jueves, 8 de julio de 2010

Contra Cupido

Las vueltas que da la vida, querubín. Para nosotros los occidentales viniste al mundo en Grecia, si es que es posible señalar un punto en el que nacen los mitos, así, de una vez. Allá te trataron a cuerpo de rey, aunque sospecho que no te tomaban muy en serio. Entonces te llamabas Eros, y hasta Sócrates, Alcibíades y Fedro se peleaban por definirte con tino. De todas formas, la partida de nacimiento donde pone "Cupido, dios del amor erótico y de la belleza" te la dieron en Roma, según reza el libro de familia de tus progenitores. Venus y Mercurio, menudos padres; cualquiera te echa la culpa de tus desmanes. Hoy todos los psicólogos te eximirían de tus fechorías -"un hogar desestructurado", dirían. Y tendrían razón.

Pero lo que hoy toca no es precisamente un panegírico de tus virtudes y de los placeres que has ofrecido desde que el mundo es mundo. Todo lo contrario: hoy estoy contra ti, en plan denuncia. Voy a ver si te arranco la poca ropa que te queda para demostrar que, necesario como eres, cuando te extralimitas te pones cargante y arruinas la cosa del amor. Que a mi me importa bastante, para qué negarlo. Voy a contarle al que quiera escucharlo que debajo de esas carnes tan rosadas y mulliditas y esos rubios ricitos ensortijados se esconden el corazón de un tirano y el número de la bestia. Y voy a proponer que se te de boleto sin prisa pero sin pausa tan pronto hayas cumplido con tu cometido. Que te cuesta darte el piro cuando ya sobras, majo.

Me parece que una de las cosas más importantes que procede aprender en la vida es la diferencia entre el enamoramiento y el amor. De hecho, los responsables de marketing del mundo entero y los pavos y pavas que componen baladas lo tienen muy claro - el enamoramiento es chachi, y el amor, un soberano coñazo. Solo que nos confunden ladinamente llamándo al primero amor. La cosa que se canta y se exalta, esa con la que se venden perfumes y rosas y bolsos de diseñadoras con nombre de portera (léase la Puri García), remite no obstante más que nada a la vieja queja de Groucho, planteada en forma de pregunta:

"¿Por qué lo llaman amor si quieren decir sexo?"


Porque es un hecho ya científicamente contrastado que el enamoramiento es cosa de hormonas, fluidos y poco más. A nuestra generación le ha sido concedido el dudoso privilegio de descubrir que Cupido no es una angelito, sino un pastillero. Un peligroso camello con piel de cordero. El que mejor (más fascinante) lo explicaba era el infatuado Al Pacino, el terrorífico y a la vez ultra-atractivo Pacino/Satán del "Abogado del diablo": bioquímicamente, el enamoramiento no es distinto de pegarse un atracón de chocolate. Pura química, tío.

Así las cosas, me parece asunto lamentable celebrarle al terrorista este de las emociones cada 14 de febrero. Este tipo con cara de ángel va por ahí haciendo estragos, y después de clavar la flecha va y se pega el bote y deja a muchos echos unos zorros. Quiebra amores que funcionan, aunque sufran tensiones (no hay amor sin crisis), confunde al personal en bárbara proporción conforme lindan la cuarentena, y nos hace decir cosas estúpidas como "chati", "cuchi-cuchi" o epítetos aún peores. Por si fuera poco, es el GRAN PATROCINADOR MUNDIAL DE LA MENTIRA.

Lamentablemente, no hemos inventado una manera mejor de crear uniones satisfactorias. Llevamos la biología por castigo, y unmillón de años de homínida evolución no pasa en balde. Pero no nos escudemos siempre detrás de las celulitas -la próxima vez que Cupido te juegue una mala pasada, después de dejarte quere un poco si te place, y después, corazón en mente, mándale a freír espárragos si un amor de veras, generoso y maduro, te espera.